Una parte importante de las lecturas dominicales han versado sobre el noble arte de la caza (aunque el enfoque predominante tenía que ver con la bestial manifestación de la irracionalidad del ser humano que es la caza).
Pero no en genérico, ni desde el punto de vista de la importancia económica que tiene en determinadas partes de España, sino de una cacería en concreto, bueno dos cacerías, una la que dicen que se está prácticando con ellos los pobrecitos del principal partido de la oposición y la otra, aquella en la que participaron el más famoso juez desde Salomón y el ministro de justicia.
Muy buena la columna de Manuel Vicent, militante anti-taurino y anti-caza, que hace hincapie de lo poco estético que según él, es que una persona que se considera progresista se dedique a estos menesteres (por lo irracional y por lo caro en estos tiempos de crisis).