Ídolos con pies firmes

El otro día en Madrid, mientras volvía al hotel, escuche en la radio unos fragmentos del discurso de Obama en la entrega del premio Nobel de la Paz que tanta polémica ha generado, pero no es menos cierto que al lado de algunos de los pájaros que lo han recibido este señor es un ángelito (aunque sea un ángelito de Machín). El otro día escuche un trocito y hoy he aprovechado para escucharlo entero.

El caso es que uno de los oyentes hizo un comentario, al respecto de que tenía miedo de oir el discurso por si le decepcionaba, dijo algo así como que no quería hacerse ilusiones con Obama, porque como todos los políticos acabaría siendo un blufff, pero que después del discurso de entrega del premio Nobel estaba empezando a emocionarse con él, porque había hecho un discurso valiente, diciendo las verdades del barquero en un momento en que podía haber cedido a la ñoñería y hacer como que aquí no había pasado nada.

Produce una extaña sensación ese escepticismo que compartimos ese oyente y yo, a punto de quebrarse cuando encuentras a alguien que crees que va a patinar a las primeras de cambio y no lo hace.

En mi caso me sucedió con Rosa Díez y su proyecto de UPyD. La ilusión de un partido con un discurso moderno, pero de verdad, no “progredelSigloXIX” y que al escucharla mientras paseabamos un domingo por la calle en Logroño me demostró todo su oficio de política profesional en el peor sentido de la palabra, aunque como la ilusión no fue mucha tampoco lo fue la decepción.

En el caso de Obama espero que no de un mitín en Logroño ;-)

Fuera del ámbito de la política, lo de pensar “bahhhhh este tio no puede ser tan bueno, seguro que tiene truco”. Me ocurre con Ferrán Adriá, solo que el proceso de esperar el desencanto es ya bastante largo y estoy a punto de darle la razón a Pablo Hermoso de Méndoza (pero el que no monta a caballo) y clamar mi admiración por él mejor cocinero del mundo.

Leave a Reply