La semana pasada leí un artículo estupendo en el diario El País “La silenciosa expansión del 15-M“. Tras leer el extenso artículo, dediqué un buen rato a navegar por algunas unas de las iniciativas que se han despertado o fortalecido tras el 15M, tuve unos momentos de disfrute y alegría, porque frente a otras noticias que “ya te sabes” este artículo me aportaba un montón de cosas que no conocía y me abría puertas a conocer más (eso es periodismo
Las cosas que vi, hicieron que volviera a mi la ilusión por lo que pasó hace una año, y que en mi caso, con el paso del tiempo se fue volviendo un nexo débil. No me desengañé, quizás porque para que uno se des- engañe primero tiene que haber sido “engañado”. Simplemente mi intenso día a día hizo que pusiera el foco en otras cuestiones.
Sin embargo, al echar la vista atrás, algunas de las cosas que he ido haciendo o me han ido pasando, se han reforzado aun a través de ese nexo débil, nuestra participación en el colletero, (crear empleo, recuperar tierras de labor…), talleres de la UPL y otras tantas.
En los últimos tiempos mi indignación ha vuelto a subir enteros, tras la decepción que supone la falta de inteligencia y de honestidad del nuevo gobierno, tuve muy claro que iba a fortalecer de nuevo mi conexión.
En cuanto al nuevo gobierno, no me he desengañado (vuelvo a insistir en que des- engañar exige engaño previo), aunque el nuevo presidente del gobierno mintió, a mi al menos no me engañó.
Es para mi de una claridad meridiana, que uno no puede gastar más de lo que gana mucho tiempo, es absurdo, así que no entiendo a los apóstoles del déficit, gastar más de lo que uno ingresa en un momento, solo se entiende si esa deuda va a generar unos resultados a futuro superiores al coste de financiarla. Está claro que puedo endeudarme para comprar una máquina que me permita ser más productivo, vender más… pero no puede endeudarme para comprar moqueta (por muy bonita que esta pueda ser).
Yo era consciente de que este gobierno no decía verdad cuando hablaba de no recortar, no subir los impuestos… pero como siempre procuro mirar el lado positivo, entendía que a la vez que los recortes del gasto corriente, vendrían las reformas, esos cambios que permiten dar los mismos servicios de manera más eficiente y prescindir de aquellos “no servicios” que nos inundan. Sobre todo NO creía que fueran a ser tan duros con los débiles y tan débiles con los duros, no por una cuestión de bondad (esto es muy subjetivo), sino porque creo firmemente que para salir de esta crisis hace falta inteligencia colectiva y la colaboración de todos los ciudadanos.
Así que este gobierno, aunque está proponiendo algunas reformas que parecen acertadas, lo está haciendo con demasiada timidez en todos aquellos aspectos que afectan a los “poderosos” ya sean estos las cúpulas burocráticas (senado, diputaciones, comunidades autónomas y ayuntamientos). Lo mismo podría decirse de el sistema energético de nuestro país (que es la primera causa de nuestro deficit exterior y por tanto una de las causas de nuestro endeudamiento) en el que se sigue primando los intereses fulanitos frente a un planteamiento estratégico como país.
De los otros “grandes” que siguen con sus sepulcros de marmol pero tan corrompidos y putridos que el tufo apesta los mercados mundiales son los mutuamente apuntalados bancos y constructoras, cuyo estado zombi estrangula el crédito e impide que el mercado sea libre de verdad, una caída de precios de libre mercado habría permitido que supieramos donde estaba el suelo y estuvieramos ya trabajando para salir del pozo en vez de mantener la duda de si esto es solo un suelo de carcomida madera a punto de quebrar y que nos hará caer otro tramo.
Lamentablemente no he cumplido mi propósito de leer, pensar y hacer. Recuperar mi conexión con todos esos ciudadanos, agrupados en colectivos como DemocraciaRealYA (asociados y no asociados), tomalaplaza… que mantienen vivo el espíritu de inteligencia colectiva y de indignación activa (que eso es para mí el verdadero espíritu del #15M)
Cuando digo lamentablemente, lo digo porque me hubiera gustado sacar tiempo para ello, pero lo digo con la boca pequeña, porque esta semana he hecho un montón de cosas que me apasionan y por tanto hasta hoy mismo no he podido para ni un minuto a pensar sobre el tema. Es lo que tiene ser un director de desarrollo de negocio flauta, tengo un trabajo que me encanta, creo en el libre mercado y en este libre mercado me toca trabajar un montón para sacar a mi equipo, a mi empresa y a este país adelante.
Y si, creo en el libre mercado, pero en uno libre de verdad, donde no se individualicen solo los beneficios y las perdidas pequeñas y se haga pagar a los jubilados las orgías y el derroche de los directivos de los bancos.
Nos vemos en las plazas.